Hay días en que el la rutina se hace especialmente dura y pesada.
La rabia hierve en mis venas esperando salir. El fuego (que siempre está ahí) arde con más fuerza y amenaza con salirse de mi pecho. Ya se le vé asomar en mis ojos...
Y es entonces cuando se despierta el hambre. Hambre de Vivir, de Sentir, de Amar.
Y sé entonces que hoy no podré saciarla.
Y sé entonces que esta noche tampoco podré dormir.
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